Ver a tu hijo con fiebre, sin querer comer y quejándose de que le duele al tragar angustia a cualquiera. Si le abres la boca y ves las amígdalas rojas, hinchadas y con puntos blancos, la reacción casi automática es pensar en antibiótico.
Pero la amigdalitis en niños no siempre necesita uno, y distinguir cuándo sí y cuándo no puede ahorrarle a tu hijo días de malestar y tratamientos innecesarios.