El avión comienza su descenso hacia el Aeropuerto de la Ciudad de México, y de pronto sientes esa presión incómoda, como si tuvieras un tapón de algodón profundo en el oído. Para la mayoría, la sensación desaparece con un bostezo o al masticar chicle.
Para otros, desafortunadamente el dolor de oído después de volar se convierte en una molestia persistente que puede durar días.