Seguramente te ha pasado: esa molesta sensación de tener algo atorado en la garganta que te obliga a carraspear constantemente. O quizás una tos seca y persistente, sobre todo por la noche, que simplemente no desaparece. Aunque podrías pensar que son dos problemas separados, la realidad es que el goteo nasal y la tos suelen ir de la mano.