Llega un paciente y dice: "Doctor, siento como si tuviera algo atorado en la garganta, carraspeo todo el día y mi voz amanece ronca". No hay fiebre, no hay dolor fuerte y, lo que más confunde, no hay agruras. Y sin embargo, la molestia lleva meses.
En buena parte de esos casos el responsable es el reflujo laringofaríngeo, un problema tan común como mal identificado.