Si vives en la CDMX o en cualquier gran urbe con tráfico intenso, seguro conoces esa sensación: te despiertas, miras por la ventana y el horizonte se ve gris. A las pocas horas, empiezas con un picor en la garganta, los ojos llorosos o una nariz que no deja de molestar.
No eres solo tú, y muchas veces, tampoco es una infección viral. Es el aire que respiramos.